Hay cosas en la vida que nos
“llaman la atención”, nos atraen aunque no sepamos bien el porqué: a mí siempre
me atrajo la idea de conocer bien una enfermedad con tanto tabú como es la
lepra. Y aquí en Guinea, como en todas partes, la vida se maneja de tal manera
que nos termina llevando donde quiere o donde, quizás en el fondo, también
queremos nosotros, de la manera menos pensada. Lo que fue la visita a Casa
Emanuel de una española que trabaja en Bissau, se convirtió en mi posibilidad de
poder colaborar con la gente que trabaja en la leprosería del hospital de
Comura.
Mi trabajo allí consiste en
formar a varios enfermeros veteranos, en la valoración y tratamiento precoz de
las parálisis que provoca el bacilo de la lepra, para poder evitar, cuando sea
posible, la cirugía.
Se ha escrito mucho de esta
enfermedad, se oyen muchas cosas, y hasta hay un cierto miedo al contagio:
recuerdo que cuando estuve en India oí decir que se contagiaba si
te tocaba un enfermo.
Realmente me siento muy
afortunada de poder vivir esta experiencia, de poder compartir una mañana a la
semana con ellos, poder aprender con gente que lleva como 20 años trabajando en
ello: como se normaliza todo con respeto, como la información cura los miedos, y
como, por encima de todo, existen enfermos, no sólo enfermedades.
¿Cual crees que es la mejor manera de ayudar a los países en desarrollo?